
Cuando lo tuve frente a mí en Alcalá, no pude menos que ir a saludarlo y acercarle mi libreta de dibujos (aún vacía). El me sonrió y con su fino trazo me regaló este dibujo que quedó para siempre en la primera página.
Aún cuando lo veo, no puedo creerlo. Lo debo haber soñado...
No hay comentarios.:
Publicar un comentario